El primer ministro español, Pedro Sánchez, ha declarado una enérgica represión contra las plataformas de redes sociales, anunciando un conjunto de medidas regulatorias destinadas a frenar la actividad criminal, proteger a los menores y responsabilizar a las empresas de tecnología. En una declaración en video publicada el viernes por la noche, Sánchez enmarcó la iniciativa como una respuesta necesaria a lo que describió como el entorno del «salvaje oeste» de las plataformas digitales, a las que acusó de facilitar graves daños sociales.
La condena de Sánchez a los abusos en las plataformas
El Primer Ministro Sánchez criticó duramente el impacto de las redes sociales, afirmando que las aplicaciones se han «convertido en una especie de Salvaje Oeste en un estado fallido», brindando refugio a canales dedicados a la pornografía criminal y la violencia. Citó un evento sin precedentes en el que un «oligarca tecnológico se ha infiltrado en los teléfonos de millones de ciudadanos españoles para decirles qué pensar», calificándolo de grave abuso de interferencia. Sánchez también destacó el uso indebido de la inteligencia artificial para crear imágenes explícitas falsas, incluso de menores, y acusó a las plataformas de lucrar amplificando el odio y la desinformación.
Las cinco medidas regulatorias clave
La respuesta del gobierno consta de cinco acciones específicas. En primer lugar, colaborará con el Ministerio Público para investigar los delitos ocurridos en las redes sociales. En segundo lugar, perseguirá la manipulación de algoritmos que utilicen datos personales sin el consentimiento del usuario. En tercer lugar, y lo más importante, presentará cargos penales contra las empresas que se nieguen a eliminar contenidos ilegales. Las medidas restantes incluyen la creación de «la primera base de datos de odio y polarización» para rastrear tendencias dañinas y una medida para limitar el acceso a las plataformas para usuarios menores de 16 años.
Contexto político y desafío al poder tecnológico
El anuncio de Sánchez refleja la creciente impaciencia entre los gobiernos europeos ante la impunidad percibida de las principales empresas tecnológicas. Desafió directamente su influencia económica y política, afirmando: «Sabemos que esta élite tecnológica tiene más dinero e incluso más poder que muchos países, pero nuestra determinación es más fuerte que sus bolsillos». Prometió proceder «a pesar de sus amenazas», posicionando a España como parte de un impulso más amplio de la UE para una gobernanza digital más estricta bajo leyes como la Ley de Servicios Digitales (DSA), que exige una mayor responsabilidad de la plataforma en la moderación del contenido.







